Aníbal de la
Torre (2006), nos da una definición de Web 2.0, que de forma resumida sería una
forma de entender Internet que ayudada de tecnologías informáticas, se promueve
que el flujo de información dependa del comportamiento de las personas y permite que estas puedan participar en la
construcción de contenidos con unas herramientas fáciles e intuitivas de usar.
Wikis, redes
sociales, blogs, etc. son ejemplos de las herramientas informáticas que
conforman la web 2.0. La enciclopedia impresa ha pasado a la historia, ahora la
Wikipedia se actualiza en cualquier momento; la información y opinión ya no se
tiene sólo por el periódico, los blogs nos dan información y comentan los
sucesos, además cualquiera tiene posibilidad de dar su opinión; cualquiera
puede hacer un vídeo y publicarlo en YouTube.
En un contexto
educativo, hablar de web 2.0 implica necesariamente hablar de Escuela 2.0, de Maestros
2.0 y de aprendizaje ubicuo.
La tecnología ha
alcanzado tal desarrollo que permite que cualquier persona pueda producir y
difundir información, por lo que el aprendizaje puede darse en cualquier lugar
y momento. Por eso, en el mundo de las TIC, a esto se le llame “ubicuo” y en el
mundo del aprendizaje: “…incluya la idea
de que los aprendices pueden contribuir al conocimiento sobre “cualquier cosa”
e igualmente que “cualquier persona” puede experimentar aprendizaje”.
Sin embargo, en
este contexto ¿estamos los educadores preparados para ser Maestros 2.0? Porque
los niños de hoy son “nativos digitales”,
pero ¿nosotros?
Bill Cope y Mary
Kalantzis, en su obra “Aprendizaje ubicuo” (2009), sugieren que para poder
ponerlo en práctica en el entorno educativo deberían darse siete cambios:
Difuminar las fronteras
institucionales, espaciales y temporales de la educación tradicional. En el
aula tradicional todos los alumnos estén allí al mismo tiempo, y el maestro
transmite a todos a la vez. Pero hoy, cuando podemos grabar y transmitir a muy
bajo coste cualquier tipo de contenido textual, visual o auditivo, la necesidad
de aulas no es tan grande.
Reordenar los
equilibrios En el aula tradicional, el profesor y la pizarra están de
frente a la clase, los niños escuchan y responden preguntas. La comunicación
entre los alumnos es prácticamente nula, casi se considera como una pérdida de tiempo.
Este tipo de educación tenía sentido en una sociedad concreta (autoridad,
disciplina, …), pero en la sociedad actual no debería haber diferencias entre
profesores y alumnos, pues ambos son generadores y usuarios de conocimiento. La
autoridad se generará a través de la competencia y no del control
Aprender a reconocer
diferencias entre los estudiantes y a usarlas como recurso productivo. El
aprendizaje ubicuo permite que los alumnos estén en la página que puedan, según
sus necesidades. Y los profesores deben estar a su lado para ayudarles en su
itinerario de aprendizaje.
Ampliar la gama y
combinación de los modos de representación. La computación ubicua utiliza
lo oral, lo escrito, lo visual, lo sonoro…. Los educadores no tienen más
remedio que entender estas formas de comunicación.
Desarrollar las
capacidades de conceptualización. Los profesores deben convertirse en
usuarios expertos de las nuevas herramientas creadoras de sentido, siendo
capaces de poner en práctica el metalenguaje que tanto ellos como sus
aprendices necesitan.
Conectar el pensamiento
propio con la cognición distribuida. Cualquier información está al alcance
de la mano, por eso no tiene sentido hacer exámenes tradicionales, lo
importante no es saber, sino saber cómo saben.
Construir culturas de
conocimiento colaborativo. Las redes sociales son perfectas para un trabajo
en el que pueda valorarse la contribución que se haga, por eso los profesores
deben tener buen manejo, para intentar que cada alumno de lo mejor de sí mismo.
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