La sociedad en la
que vivimos se encuentra inmersa en un consumo compulsivo, la publicidad nos
intenta hacer creer que cuantas más cosas necesitemos y seamos capaces de
comprar y compremos, más felices seremos. Desgraciadamente es la sociedad que
tenemos y el mundo en el que vivimos, pero no podemos aislarnos y dejar de
hacer todo lo que los demás hacen porque
el sistema sólo se mantiene consumiendo. Y para ello, la publicidad cada vez
más se especializa en llegar a nuestras emociones, pues son las que movilizan a
querer tener todo aquello que se nos ofrece, pues con ese producto seremos los
más atractivos.
Ahora bien, sí
podemos llevar a cabo un consumo responsable, sí podemos educar a los más
pequeños y educarnos a nosotros mismos, en saber discriminar lo que realmente
necesitamos y lo que no. En esta educación juega un papel fundamental la
familia, pues los niños, desde muy pequeños y antes de ir a la escuela,
aprenden la actitud y la conducta que tienen sus padres hacia el consumo y
hacia la publicidad. Pero las familias deben ser coherentes con lo que dicen o
hacen a este respecto. Y pongo un ejemplo.
Recuerdo la
primera vez que oí la palabra consumismo y la explicación que una madre daba
del mismo. Creo que yo tendría unos seis o siete años. Mi madre y yo estábamos
con una amiga mía y su madre. Se nos acerca otra compañera de clase con su
madre, para decir que su hija no iba a ir a la
celebración de cumpleaños de mi amiga (con laque yo estaba en ese
momento), y explicó que ella no la dejaba ir a ese tipo de fiestas porque
estaba en contra de todo ese consumismo que obligaba a hacer ese gasto.
Mi madre, más
tarde, ante mi queja, me explicó el sentido de esa negativa e intentó que
comprendiera que era igual que cuando ella trataba de explicarme que no era
necesario tener todo lo que se me antojaba porque lo viese en la tele.
Sin embargo, años
más tarde, me sorprendió comprobar que esa madre que quería educar a su hija en
un consumo responsable, “presumía” de que cada año compraba en cada temporada
un par de zapatos de diseño de marca italiana, que costaban (no sé cuanto ahora)
mucho más que cualquier zapato caro de España. Yo estuve en su casa, y no se
puede decir que no estuviese influida por las modas y por los “excesos”.
Es un ejemplo, de
lo difícil que resulta en nuestra sociedad separarse de lo que esa misma
sociedad nos exige. Es inevitable luchar contra los expertos en la comunicación
persuasiva, que saben más de nosotros que nosotros mismos. Pero hay que
intentar educar en la medida de lo posible y repetirse a sí mismo ¿cuánto de
eso que acabo de ver y que me ha gustado, necesito? Para encontrar una buena
respuesta que nos satisfaga tanto como si lo comprásemos, quizás deberíamos educarnos
entre todos. En este sentido, creo que sería muy positivo, que desde la escuela
o desde otras instituciones, se promovieran y se realizasen talleres en el
consumo responsable para familias.
Bibliografía:
-
Sesión teórica de La Publicidad.
-
Entrevista Ferrés 2014.
-
"Comprar hasta reventar" (https://www.youtube.com/watch?v=4JNkCzepfG8).
- Consume hasta morir (http://www.letra.org/spip/spip.php?article5458/


